Con una voz clara, serena y profundamente humana, Juan Jesús Aznar convierte la experiencia personal en una meditación universal sobre el paso del tiempo y la fragilidad del ser.
Sus versos, sostenidos por una emoción contenida y una mirada lúcida, abrazan lo cotidiano con la sabiduría de quien ha aprendido a aceptar el tránsito inevitable de los días. Hay en ellos gratitud, melancolía y una fe tranquila en la palabra como refugio frente a la fugacidad.
Entre la ternura y la reflexión, el poeta nos invita a acompañarlo en este recorrido vital donde la memoria, el amor y la conciencia del final se entrelazan para recordarnos que vivir también es aprender a despedirse